In a beautiful expression of faith, fraternity, and Franciscan tradition, parishioners from three parishes served by Franciscan priests came together to commemorate the Transitus of St. Francis of Assisi, marking the 800th anniversary of his death. The evening began at Our Lady of the Valley Parish, where the faithful gathered to begin a solemn procession. Joined by parishioners from Socorro Mission, the community prayerfully processed along Alameda Avenue toward Our Lady of Mount Carmel Parish. The procession offered a visible witness of faith and reflected the spirit of fraternity that St. Francis embraced throughout his life.

Upon arriving at Our Lady of Mount Carmel, the faithful continued the observance of the Transitus by completing the traditional seven-decade Franciscan Crown, also known as the Rosary of the Seven Joys of the Blessed Virgin Mary. This treasured Franciscan devotion recalls seven joyful moments in the life of the Blessed Mother and has long held a special place within Franciscan spirituality.

The Transitus, meaning “passage” or “crossing,” commemorates St. Francis’ passage from earthly life into eternal life. Each year, Franciscans and the faithful traditionally gather on the evening of October 3 to prayerfully remember his final hours, his love for Christ, and the remarkable witness of a life devoted to poverty, humility, peace, and care for all of God’s creation.

This year’s observance carried particular significance as the Franciscan family commemorates 800 years since the death of St. Francis. The gathering of three parish communities served as a fitting tribute to the saint who called his followers to live as brothers and sisters, united in Christ.

As parishioners walked together, prayed together, and remembered the final journey of St. Francis, the celebration became more than a remembrance of an event eight centuries ago. It was an invitation to continue his mission today—to be instruments of peace, to serve others with humility, and to encounter Christ in one another.

May the example of St. Francis of Assisi continue to inspire our parish communities to walk together in faith and to proclaim through our lives his enduring message of peace and all good — Pax et Bonum.

En un hermoso testimonio de fe, fraternidad y espiritualidad franciscana, feligreses de tres comunidades parroquiales atendidas por sacerdotes franciscanos se reunieron para conmemorar solemnemente el Tránsito de San Francisco de Asís, en este año tan especial en que se celebra el 800 aniversario de su muerte.

La celebración comenzó en Our Lady of the Valley, donde los fieles se congregaron para iniciar una procesión llena de oración y recogimiento. Junto con la comunidad de la Misión de Socorro, los participantes caminaron por Alameda Avenue rumbo a Our Lady of Mount Carmel, manifestando públicamente su fe y el espíritu de fraternidad que caracterizó la vida y misión de San Francisco.

Al llegar a Our Lady of Mount Carmel, la celebración del Tránsito comenzó con la conclusión de una antigua y querida tradición franciscana: la Corona Franciscana, también conocida como el Rosario de las Siete Alegrías de la Santísima Virgen María. Esta devoción de siete decenas recuerda momentos de especial alegría en la vida de la Virgen María y ocupa un lugar importante dentro de la espiritualidad franciscana.

La palabra “Tránsito” significa “paso” o “pasaje” y, dentro de la tradición franciscana, recuerda el momento en que San Francisco pasó de esta vida terrenal a la vida eterna. Cada año, en la víspera de su fiesta, la familia franciscana se reúne para recordar en oración sus últimas horas y reflexionar sobre el extraordinario testimonio de un hombre que entregó su vida por completo a Cristo.

La conmemoración de este año tuvo un significado aún más profundo al celebrarse ocho siglos desde la muerte de San Francisco de Asís. Ochocientos años después, su ejemplo continúa invitando a los cristianos a vivir el Evangelio con sencillez, humildad, fraternidad y amor, buscando siempre ser instrumentos de paz en nuestras familias, comunidades y en el mundo.

La imagen de tres comunidades caminando y rezando juntas por Alameda Avenue fue también un signo visible del legado franciscano que permanece vivo entre nosotros. Más que recordar un acontecimiento ocurrido hace ocho siglos, la celebración fue una invitación a continuar hoy la misión que San Francisco abrazó: seguir a Cristo, servir a los demás, cuidar la creación y construir la paz.

Que en este 800 aniversario del Tránsito de San Francisco de Asís, su vida y testimonio renueven en nuestras comunidades el deseo de vivir el Evangelio con alegría y de reconocernos siempre como hermanos y hermanas en Cristo.

San Francisco de Asís, ruega por nosotros.

¡Paz y Bien! — Pax et Bonum